Mención- La enseñanza de un profesor

Mención a Isabel Perkins.

 

La enseñanza de un profesor

Por Anastasia Bambury

 

       -Sólo por dos meses-dijo Liliana.

El antiguo profesor de historia había fallecido hace ya cuatro semanas. La clase de primer año de secundaria habíase quedado sin profesor. Apenadas por la muerte del mismo, las niñas negábanse a trabajar seriamente. Estaban decididas a hacerle la vida imposible a cualquier persona que se dignara suplantar al amado profesor. Ahora Liliana estaba jugándose su carrera como profesora. Había aceptado el puesto pero sólo durante dos meses. No tenía intención alguna de quedarse más de lo acordado a tratar de enseñarles algo a esa panda de chiquillas.

 Las chicas  de primer año no eran malas, aunque eso no era lo que aparentaba. Habían comenzado el año con el firme propósito de evitar cualquier discusión en los muchos meses que tenían por delante, tanto entre ellas como con sus profesores. Los primeros dos meses lograron cumplir su objetivo. En todos los recreos las veintidós compañeras se sentaban a conversar sobre sus progresos en el aprendizaje. Pero había un tema que siempre salía a relucir, las clases de historia y su excelente profesor. Las clases eran a la vez divertidas, interesantes y muy útiles. El profesor era un genio. Sabía que pasaba por la mente de todas y cada una de las cabecitas  que muy atentamente escuchaban sus clases. Las más interesantes y divertidas historias salían de su boca. Parecía que ya las conocía hace años. Al principio todo iba bien. Las niñas se levantaban por las mañanas agradeciendo a Dios si era miércoles, jueves o viernes , días que tenían historia. Llegaban al colegio con una sonrisa en el rostro dispuestas a quedarse una o dos horas escuchando las formidables clases. Pero esa felicidad no duró para siempre. Una mañana las amigas se despidieron de su amigo y profesor, ya que éste iba a cumplir su sueño viajando a Europa. Las chicas lo vieron irse sin siquiera imaginarse que era la última vez que iban a ver esa silueta tan amada y apreciada. Las agendas estaban llenas de anotaciones en el día en el que el profesor debía regresar.

La mañana del 31 de Mayo la noticia cayó como una bomba. Las alumnas lloraban, rezaban y se secaban sus naricitas. Ninguna podía creer que era cierto, ninguna podía creer que su héroe , su amigo , su profesor había muerto. Pero así era. Había cumplido su sueño de pisar las hermosas tierras europeas, y en ellas había exhalado  su último suspiro encomendando su alma a la Virgen Santa. Las chicas  no podían hacer otra cosa que quejarse y lamentarse, pero había cinco o seis niñas que disfrutaban acordándose de las cosas maravillosas que había hecho una de las personas que más quisieron, pero que se había ido para siempre.

En fin, la primera clase de Liliana transcurrió normalmente. Pretendía ser amable pero firme a la vez. Esa noche se fue a dormir pensando que las chicas no estaban tan locas, pero se equivocaba. Al día siguiente la profesora llegó a la clase un poco después que sus alumnas. Comenzó la clase diciendo:

-Niñas, empezaremos a estudiar el mundo Griego. No es un tema fácil, por eso, espero de ustedes colaboración para poder hacer las clases más divertidas e interesantes. A la del fondo te pido que dejes de hacer muecas porque tendré que echarte de la clase. Subrayen las ideas principales de la Primera Guerra Médica. En silencio, por favor. -terminó, al ver que la mayoría comenzaba a quejarse.

Así los días fueron pasando. En uno de esos días Liliana notaba a las chicas más tensas y nerviosas. La razón por la que se comportaban de aquella manera era porque las travesuras habían empezado. La que se estaba poniendo en práctica en aquel momento era de las peores. Una de las interesadas había llevado al colegio un pescado. Las traviesas chicas lo pusieron en un frasco y lo escondieron en el fondo del armario. Al mediodía tenían clase de historia, y para ese entonces el pescado ya largaba un fuerte olor a podrido. En la mitad de la clase una alumna llamada Juana, que ya había sido seleccionada anteriormente, se levantó y exclamó:

-¡Señorita, no lo aguanto más!¡Nos moriremos!-

Esto causó un gran alboroto y Liliana tuvo que sacar a sus traviesas alumnas de la clase.

Esa tarde, mientras se tomaba un  café, empezó a pensar en todo lo que había pasado y se dio cuenta que era todo una terrible broma de parte de sus alumnas.

-Esto se acabó-, se dijo, -esas niñas van a aprender lo que es respeto.

Y con ese pensamiento prosiguió con sus tareas.

Al día siguiente les dijo a sus alumnas que las iba a llevar a un campo vecino y que ahí les iba a enseñar una cosa muy importante. Ya sentadas sobre el verde pasto dijo   :

-Hoy les voy a hablar sobre la Patria como don y tarea. Como lo dice el título debería hablarles sobre la Patria, pero no. Les hablaré sobre el don y la tarea. Ser un patriota no consiste en ser un prócer, en cruzar los Andes o en liberar una importante batalla. Consiste en hacer patria con nuestro prójimo, con el que tenemos al lado. Podemos empezar a servir a la patria desde el simple lugar que ocupamos en nuestras vidas, como en casa, en el colegio, en el trabajo. Hay personas que necesitan del cariño que a  nosotros nos sobra. Hay personas, como ustedes, que todavía les falta aprender mucho de cómo hacer para que la patria funcione adentro de cada uno. Al enseñarles historia, yo hago patria para ustedes. Pero si ustedes no tratan de aprender y hacen bromas malas, están trabajado, si, pero en contra de la patria. No está mal que los chicos hagan bromas, pero ustedes no lo hacen para divertirse, ustedes lo hacen para vengarse de algo que no estuvo en sus manos, sino en las manos de Dios. Y hay cosas, como la muerte, que son parte de la vida. Y esas cosas no podemos evitarlas. Su querido amigo y profesor fue uno de los ejemplos más completos para la patria. ¿Acaso se creen que él estaría contento por cómo tratan a los suplentes? Pues no, estaría muy decepcionado pensando que todo lo que les enseñó fue en vano. Ustedes deberían ser fieles a él y demostrar que nada de lo que hizo fue en vano. Deberían seguir su camino y demostrarle a todo el mundo lo buenas y educadas que son, en la mayor parte gracias a él. De esa manera le harían un gran favor a la Patria  Argentina. Gracias por escucharme. Ahora tiene lo que queda de la hora libre.-Dicho esto se alejó de ellas.

Las chicas se quedaron con la boca abierta por unos momentos. Luego de conversarlo se dieron cuenta de que Liliana estaba en lo cierto. Se prometieron mejorar hasta el punto en que Liliana decidiera quedarse con ellas. En las siguientes semanas trabajaron de firme y siempre que estaba por salir alguna discusión o alguna   ‘’travesura’’, las chicas se acordaban de ‘’la patria como don y tarea’’. Su profesora, Liliana, notaba el cambio producido en sus alumnas. La profesora y sus alumnas se habían hecho muy buenas amigas, pero las pequeñas nunca la comparaban con el difunto profesor. Liliana las llevó a un hermoso museo y casi todos los días tomaba las clases en el parque del colegio. Pero los días fueron pasando y llegó el día en que Liliana debía marcharse. Las fieles alumnas estaban decididas a no dejarla marchar. Debían encontrar una manera para que se quedara con ellas. Por otro lado, Liliana también se hallaba muy triste. Les había tomado un aprecio muy grande a aquellas chicas. No quería irse pero no había manera de evitarlo.

La mañana de su última clase se levantó dispuesta a divertirse con las niñas, ya que sería el último día que las vería. Al llegar al colegio se llevó una gran sorpresa. Toda el aula estaba decorada con globos y banderines. Había tortas y bebidas sobre la mesa. Y en el medio del salón estaban sus veintidós alumnas con pelucas y un cartel que rezaba: ‘’No será para siempre.’’ Una de las chicas impuso silencio y alzando la voz dijo:

-Querida Liliana, hoy viniste con el propósito de despedirte de nosotras para siempre. Pero no va a ser así. Tú nos enseñaste que hay que valorar el tener a una persona a quién poder seguir en nuestro camino de servir a la patria. Nos hemos dado cuenta que esa persona a seguir sos vos. Como cristiana y argentina eres un ejemplo de vida para todas nosotras. Fuiste la luz en nuestra oscuridad. Por eso, todas juntas, te pedimos que te quedes, que te quedes y nos termines de enseñar lo importante que es la patria. –Dicho esto volvió a ponerse junto a sus compañeras.

Liliana no se lo podía creer. Las lágrimas corrían lentamente por su cara. Sus veintidós alumnas la miraban con carita suplicante. En sus rostros se reflejaba el profundo aprecio y el cariño que le tenían a su querida profesora. Y Liliana supo cuál era la decisión que debía tomar.